Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.
Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.
La gloria o el mérito de algunos hombres es escribir bien; la de otros no escribir nada.
Nunca he podido entender porque una persona se pasa dos años escribiendo una novela, cuando puede comprar una por $10.
Los dioses facilitan el primer verso; los demás, los hace el poeta.
El escritor, muchas veces, es como un caballo de carreras que ha perdido su jinete y ya no sabe porque está corriendo ni dónde está la meta y, sin embargo, se le exige seguir corriendo aunque no sepa ni hacia dónde ni por qué razón.
La lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones.
La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo.
La poesía se escribe cuando ella quiere.
No hay libro tan malo del que no se pueda aprender algo bueno.
La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no.