El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre.
El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre.
El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios.
Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere.
La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores.
La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre.
Donde acaba el deseo comienza el temor.
Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.
Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura.
No hay ninguna razón por la que no se pueda enseñar a un hombre a pensar.
Pienso, luego existo.