El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros muchos.
Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.
Cuando se es feliz, queda mucho por hacer: consolar a los demás.
La felicidad consiste, principalmente, en conformarse con la suerte; es querer ser lo que uno es.
Nunca, en verdad, vacilé en la convicción de que la felicidad es la prueba de toda regla de conducta y el fin de la vida.
La única manera de ser feliz es que te guste sufrir.
¡Qué cosa tan extraña es la felicidad! Nadie sabe por dónde ni cómo ni cuándo llega, y llega por caminos invisibles, a veces cuando ya no se le aguarda.
La felicidad es una estación de parada en el camino entre lo demasiado y lo muy poco.
¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?