Al final, no os preguntarán qué habéis sabido, sino qué habéis hecho.
Al final, no os preguntarán qué habéis sabido, sino qué habéis hecho.
Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.
La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.
El signo más cierto de la sabiduría es la serenidad constante.
La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.
Puedes decir si un hombre es sabio por sus preguntas.
Cada día sabemos más y entendemos menos.
El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
Una cosa es saber y otra saber enseñar.
La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche.