Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo.
Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.
Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.
Todo hombre lleva en sí un dictador y un anarquista.
Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna como el hombre. Tiene recursos para todo; sólo la muerte no ha conseguido evitar.
Cualquier necio puede escribir en lenguaje erudito. La verdadera prueba es el lenguaje corriente.
A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.