Donde una puerta se cierra, otra se abre.
Donde una puerta se cierra, otra se abre.
El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga.
Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.
La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.
Puedes censurar a un amigo en confianza, pero debes alabarlo delante de los demás.
Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
La amistad, como la sombra vespertina, se ensancha en el ocaso de la vida.
El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen.
El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.
Mientras las cosas son realmente esperanzadoras, la esperanza es un nuevo halago vulgar: sólo cuando todo es desesperado la esperanza empieza a ser completamente una fuerza.