La discreción en las palabras vale más que la elocuencia.
(1561-1626) Filósofo y estadista británico.
La discreción en las palabras vale más que la elocuencia.
Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.
La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena.
Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral.
La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices, sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos.
Un hombre no es más que lo que sabe.
La muerte es el menor de todos los males.
He preferido estudiar los libros que a los hombres.