Cuando el agua ha empezado a hervir, apagar el fuego ya no sirve de nada.
Cuando el agua ha empezado a hervir, apagar el fuego ya no sirve de nada.
No soy rockero todo el día: paro para dormir.
No es el conocimiento, sino el acto de aprendizaje; y no la posesión, sino el acto de llegar a ella, lo que concede el mayor disfrute.
¡Prisa! Nunca tengo prisa, no tengo tiempo.
Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.
Nunca olvido una cara, pero con la suya voy a hacer una excepción.
Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos.
Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
La discreción en las palabras vale más que la elocuencia.
Fatigas, pero no tantas que a fuerza de muchos golpes hasta el hierro se quebranta.