La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.
La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.
Un hombre no es desdichado a causa de la ambición, sino porque ésta lo devora.
Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro las funde.
Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero.
La ambición está más descontenta de lo que no tiene que satisfecha de lo que tiene.
La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse.
En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra.