Realmente, no sé si con justicia o no, a mí no me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombra es la bondad, y esto lo digo sin el menor asomo de hipocresía.
Si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos.
La virtud no habita en la soledad: debe tener vecinos.
Languidece la virtud sin adversarios.
Se puede ser un buen hombre y hacer malos versos.
El que no sabe es un imbécil. El que sabe y calla es un criminal.
La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo.
La sabiduría es un tesoro que nunca causa entorpecimientos.
Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces. Eso es, ciertamente, muy peligroso; más de un sabio ha sido devorado al hacerlo.
La ciencia se puede aprender de memoria, pero la sabiduría no.