El arte de amar se reduce a decir exactamente lo que el grado de embriaguez del momento requiera.
El arte de amar se reduce a decir exactamente lo que el grado de embriaguez del momento requiera.
Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión.
Pobre, pero endeudado sólo conmigo mismo.
De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos.
Hay pasiones que la prudencia enciende y que no existirían sin el riesgo que provocan.
Cuanto menos aporta un político, más ama a la bandera.
Cada uno tiene la edad de su corazón.
Toda palabra dicha o escrita es lenguaje muerto.
El mejor profeta del futuro es el pasado.
Los verdaderos amigos se tienen que enfadar de vez en cuando.