A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
(1601-1658) Escritor español.
A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.
Saber y saberlo demostrar es valer dos veces.
Sólo vive el que sabe.
Hase de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos.
No hay en el mundo señorío como la libertad del corazón.
Donde acaba el deseo comienza el temor.
El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho.
La esperanza es un gran falsificador.
Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.