No tiene importancia que maldigamos al vecino, siempre que no nos admiremos a nosotros mismos.
No tiene importancia que maldigamos al vecino, siempre que no nos admiremos a nosotros mismos.
En el hombre hay una serpiente: el intestino, que tienta, traiciona y castiga.
Yo creo que la gente, cuando es inteligente y completamente normal, no debe pretender el ser rara y extraña, porque llega al absurdo inventado.
La habilidad moderna no consiste en esconder la emoción, sino en afectarla.
Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos.
El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen.
El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez: el que de nadie se fía muestra tener todavía menos.
Muchos vencimientos han ocasionado la consideración, y muchas victorias ha dado la temeridad.
La policía a veces inventa más de lo que descubre.
No ensucies la fuente donde has apagado tu sed.