¡Prisa! Nunca tengo prisa, no tengo tiempo.
¡Prisa! Nunca tengo prisa, no tengo tiempo.
Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.
Nunca olvido una cara, pero con la suya voy a hacer una excepción.
Los cielos nunca ayudan al hombre que no quiere actuar.
No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después.
El socorro en la necesidad, aunque sea poco, ayuda mucho.
Todo está cambiando. La gente se toma en serio a los humoristas y a los políticos como una broma.
Todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía.
Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie.
Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela.