Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos.
Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos.
Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
La discreción en las palabras vale más que la elocuencia.
Fatigas, pero no tantas que a fuerza de muchos golpes hasta el hierro se quebranta.
No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte... De lo que hay que tener miedo es del propio miedo.
Que me odien con tal de que me teman.
Lo único que cura el miedo es el peligro auténtico.
Para el éxito sobra el talento; para la felicidad, ni basta.
La fantasía, aislada de la razón, solo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos.
De todas las aberraciones sexuales, la más singular tal vez sea la castidad.