El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.
El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.
A los hombres se les puede dividir en dos categorías: los que hablan para decir algo, y los que dicen algo por hablar.
Peligrosos son los grandes hombres de los que uno no se puede reír.
Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección.
Cuando se necesitan brazos, el socorro en las palabras no sirve de nada.
Nunca haga aquello por lo que no quiere que se le conozca.
Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.
No son los dos sexos superiores o inferiores el uno al otro. Son, simplemente, distintos.
Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.
Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.