La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.
La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.
El hombre: un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo.
Alégrate de la vida porque ella te da la oportunidad de amar, de trabajar, de jugar y de mirar a las estrellas.
La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo -¡Dios, qué fatal memoria!-, y los que por ahora vamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio.
El hombre se distingue de todas las demás criaturas por la facultad de reír.
Sólo hay mundo donde hay lenguaje.
Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.
La muerte aceptada con resignación no es ningún honor.
La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
Una de las glorias de la civilización sería el haber mejorado la suerte de los animales.