El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
Los deseos deben obedecer a la razón.
El deseo vence al miedo.
¡Cómo pinta el deseo los colores del iris en las nieblas de la vida!
Para sentirse, no diremos seguros, pero animados y tranquilos a lo largo de la vida, hay que desear poco y esperar todavía menos.
La vida no está hecha de deseos y sí de los actos de cada uno.
El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre.
Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere.
Donde acaba el deseo comienza el temor.
Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.