Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi todo.
Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi todo.
No hay secretos para el éxito. Éste se alcanza preparándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso.
La peor soledad que hay es el darse cuenta de que la gente es idiota.
Se aferran a su parecer, no por verdadero sino por suyo.
El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.
Es preciso prestarse a los otros, pero no darse sino a uno mismo.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad.
A fin de cuentas, todo es un chiste.
El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.