No tiene importancia que maldigamos al vecino, siempre que no nos admiremos a nosotros mismos.
No tiene importancia que maldigamos al vecino, siempre que no nos admiremos a nosotros mismos.
Resulta una gran verdad que el destino es una ley cuyo significado se nos escapa, porque nos faltan una inmensidad de datos.
En el hombre hay una serpiente: el intestino, que tienta, traiciona y castiga.
Yo creo que la gente, cuando es inteligente y completamente normal, no debe pretender el ser rara y extraña, porque llega al absurdo inventado.
Ahora empiezo a meditar lo que he pensado, y a verle el fondo y el alma, y por eso ahora amo más la soledad, pero aún poco.
La habilidad moderna no consiste en esconder la emoción, sino en afectarla.
Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos.
El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen.
El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez: el que de nadie se fía muestra tener todavía menos.
Muchos vencimientos han ocasionado la consideración, y muchas victorias ha dado la temeridad.