Es muy dulce ver llegar la muerte mecido por las plegarias de un hijo.
Es muy dulce ver llegar la muerte mecido por las plegarias de un hijo.
Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente.
Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a ésta o aquella persona, pronto dudaré que exista una parte de mi relato que con propiedad pueda contarse.
La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros.
Conviene reír sin esperar a ser dichoso, no sea que nos sorprenda la muerte sin haber reído.
Perdona siempre a los demás, nunca a ti mismo.
En la concepción relativista, dialogar significa colocar la propia fe al mismo nivel que las conviciones de los otros, sin reconocerle por principio más verdad que la que se atribuye a la opinión de los demás.
Creo para comprender, y comprendo para creer mejor.
La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria.
Hay una ley de vida, cruel y exacta, que afirma que uno debe crecer o, en caso contrario, pagar más por seguir siendo el mismo.