La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
A juicio de los gatos, las personas no somos más que muebles de sangre caliente.
Toda existencia individual está determinada por innumerables influencias del ambiente humano.
Perdonando demasiado al que yerra se comete injusticia con el que no yerra.
Evidentemente, la vida es sólo un continuo proceso de deterioro.
Hay que vivir como se piensa, si no se acaba por pensar como se ha vivido.
Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes.
La experiencia nos ha demostrado que a la persona no le resulta nada más difícil de dominar que su lengua.
A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
Todos somos fragmentos no sólo del hombre en general, sino de nosotros mismos.