Nunca haga aquello por lo que no quiere que se le conozca.
Nunca haga aquello por lo que no quiere que se le conozca.
Sin no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?
Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.
No son los dos sexos superiores o inferiores el uno al otro. Son, simplemente, distintos.
Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.
Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.
La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros.
Se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas.
Quien no vive de algún modo para los demás, tampoco vive para sí mismo.
Una buena gran parte del arte del bien hablar consiste en saber mentir con gracia.