El problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón.
El problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón.
La esperanza hace que agite el naufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado.
El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro.
Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.
Les falta algo de amor a los amores que no son un infierno de dolores.
La confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto la consume; el respeto la conserva.
De la igualdad de habilidades surge la igualdad de esperanzas en el logro de nuestros fines.
Sin el animal que habita dentro de nosostros somos ángeles castrados.
La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.
Nunca, en verdad, vacilé en la convicción de que la felicidad es la prueba de toda regla de conducta y el fin de la vida.