Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
(1821-1867) Escritor, poeta y crítico francés.
Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.
El más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad.
Lo bello es siempre raro. Lo que no es ligeramente deforme presenta un aspecto inservible.
Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.
El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice.
Que procedas del cielo o del infierno, qué importa,¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo!Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puertaDe un infinito que amo y jamás he conocido.
La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.
Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.