Frases célebres

Nunca escribo mi nombre en los libros que compro hasta después de haberlos leído, porque sólo entonces puedo llamarlos míos.

El amor no es capaz de ver los lados malos de un ser; el odio no es capaz de ver los lados buenos.

La declaración lisonjera que más agrada al amor no está en lo que se dice, sino en lo que se escapa.

La política está en el aire mismo que respiramos, igual que la presencia o ausencia de Dios.