La muerte aceptada con resignación no es ningún honor.
La muerte aceptada con resignación no es ningún honor.
La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.
Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.
Es muy dulce ver llegar la muerte mecido por las plegarias de un hijo.
Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo.
Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérela, pues, en todo lugar.
El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.
La muerte os espera en todas partes; pero, si sois prudentes, en todas partes la esperáis vosotros.
La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.