¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.
Nada vale la pena de ser encontrado sino lo que jamás ha existido aún.
Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.
No pierdas tan bellas ocasiones de callar, como a diario te ofrecerá la vida.
Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente.
Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a ésta o aquella persona, pronto dudaré que exista una parte de mi relato que con propiedad pueda contarse.
La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros.
Conviene reír sin esperar a ser dichoso, no sea que nos sorprenda la muerte sin haber reído.
Perdona siempre a los demás, nunca a ti mismo.