A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
Todos somos fragmentos no sólo del hombre en general, sino de nosotros mismos.
Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás.
¡Qué amable cosa es el hombre cuando es verdaderamente hombre!
Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo.
La verdad no es lenguaje del cortesano; solamente surge de labios de aquellos que no confían ni temen de la potencia ajena.
El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de ésta.
La gente que escribe libros, rara vez son intelectuales. Los intelectuales son gente que hablan sobre los libros que han escrito otros.
La belleza, para ser agradable, debe ser ignorada.
Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo.