La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.
La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.
No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo, los que proporcionan la felicidad.
El hombre que quiere contemplar frente a frente la gloria de Dios en la tierra, debe contemplar esta gloria en la soledad.
Nunca haga aquello por lo que no quiere que se le conozca.
Se habla sin cesar contra las pasiones. Se las considera la fuente de todo mal humano, pero se olvida que también lo son de todo placer.
Conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza.
No hay beso que no sea principio de despedida; incluso el de llegada.
La dicha no es más que sueño, y el dolor la realidad.
Cuando el espíritu está abatido, es menester sacudirlo.
Sin no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?