Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.
Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.
La religión esta en el corazón, no en las rodillas.
No son los dos sexos superiores o inferiores el uno al otro. Son, simplemente, distintos.
Es un arte saber ceder en lo trivial.
Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.
Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.
Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes.
Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.
Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna
Es cierto que el amor conserva la belleza y que la cara de las mujeres se nutre de caricias, lo mismo que las abejas se nutren de miel.