Aquel a quien no le gusta el vino, ni la mujer, ni el canto, será un necio toda su vida.
Aquel a quien no le gusta el vino, ni la mujer, ni el canto, será un necio toda su vida.
Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.
Al comienzo fueron vicios, hoy son costumbres.
Se puede confiar en las malas personas, nunca cambian.
Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal.
La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.
La violencia es el último recurso del incompetente.
La tarea que enfrentan los devotos de la no violencia es muy difícil, pero ninguna dificultad puede abatir a los hombres que tienen fe en su misión.
Aunque estés solo, no debes decir ni hacer nada malo. Aprende a avergonzarte más ante ti que ante los demás.
¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.