Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad.
Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad.
La belleza, como el dolor, hace sufrir.
Aunque sólo existiera una verdad única, no se podrían pintar cien cuadros sobre el mismo tema.
La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.
La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande.
El verdadero amor, el sólido y durable, nace del trato; lo demás es invención de los poetas, de los músicos y demás gente holgazana.
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
La gente, en general, soporta mucho mejor que se hable de sus vicios y crímenes, que de sus fracasos y debilidades.
Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.
¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu.