Haciendo el bien nutrimos la planta divina de la humanidad; formando la belleza, esparcimos las semillas de lo divino.
Haciendo el bien nutrimos la planta divina de la humanidad; formando la belleza, esparcimos las semillas de lo divino.
El amor es la historia de la vida de las mujeres y un episodio en la de los hombres.
El más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos.
En política, como en religión, hay devotos que manifiestan su veneración por un santo desaparecido convirtiendo su tumba en un santuario del crimen.
El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad.
La belleza se define como la manifestación sensible de la idea.
La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre.
En general, no nos basta con tener éxito; los demás deben fracasar.
Míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan exánimes y mueren.
El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla.