¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo.
¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo.
Muy débil es la razón sino llega a comprender que hay muchas cosas que la sobrepasan.
Todas las cosas buenas de este mundo no son buenas más que por el uso que hacemos de ellas; y que las disfrutamos tanto cuando nos sirven como cuando las juntamos para dárselas a otros, pero no más.
La uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida.
La juventud es una religión a la que uno siempre acaba convirtiéndose.
La totalidad esta presente incluso en las piezas rotas.
¡Ay del hombre que quiere actuar sinceramente en el amor!
El hombre nace libre, responsable y sin excusas.
Un libro puede ser agradable con muchas imperfecciones y enojosísimos sin un defecto.
La verdad de ninguna cosa tiene vergüenza sino de estar escondida.