Frases célebres

¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo.

Todas las cosas buenas de este mundo no son buenas más que por el uso que hacemos de ellas; y que las disfrutamos tanto cuando nos sirven como cuando las juntamos para dárselas a otros, pero no más.

La juventud es una religión a la que uno siempre acaba convirtiéndose.

Un libro puede ser agradable con muchas imperfecciones y enojosísimos sin un defecto.