Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.
Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.
La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.
En un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres.
Pensar es como vivir dos veces.
La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros.
La juventud anuncia al hombre como la mañana al día.
Donde se quiere a los libros también se quiere a los hombres.
Puedes censurar a un amigo en confianza, pero debes alabarlo delante de los demás.
Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra.
El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez: el que de nadie se fía muestra tener todavía menos.