Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre.
La vida pasa y el ser, como la bellota, como el niño, o a veces como el adulto, no advierte ese movimiento, ni lo impulsa ni lo estorba.
O calla o algo di que mejor que callar sea.
Si no puedes avanzar una pulgada, retrocede un pie.
Hasta la propia virtud se convierte en vicio cuando es mal aplicada.
El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios.
Cuando soy buena, soy buena; cuando soy mala, soy mucho mejor.
No es nada fácil abandonar la virtud; ella atormenta durante mucho tiempo a los que la abandonan.
Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil.