Frases célebres

Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.

La vida pasa y el ser, como la bellota, como el niño, o a veces como el adulto, no advierte ese movimiento, ni lo impulsa ni lo estorba.

Cuando soy buena, soy buena; cuando soy mala, soy mucho mejor.

Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil.