Sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie.
Sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie.
Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento.
En el jardín de la Iglesia se cultivan: Las rosas de los mártires, los lirios de las vírgenes, las yedras de los casados, las violetas de las viudas.
La soledad es una gran fuerza que preserva de muchos peligros.
La virilidad empieza cuando hemos aprendido a vivir en la necesidad.
La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía.
Cuando una lámpara se destroza, la luz yace muerta en el suelo.
Después de todola muerte es sólo un síntomade que hubo vida.
En cuanto el alma pierde la aureola juvenil, los generosos torneos por el aplauso son sustituidos por las egoístas competencias por el dinero.
Los amores son como las setas, que no sabe uno si son venenosas hasta que ya las ha comido y es demasiado tarde.