Dios no escucha vuestras palabras, salvo cuando él mismo las profiere a través de vuestros labios.
Dios no escucha vuestras palabras, salvo cuando él mismo las profiere a través de vuestros labios.
El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.
La mujer que hace un mérito de su belleza, declara por sí misma que no tiene otro mayor.
Si quisieran hablar solamente de lo que entienden, los hombres apenas hablarían.
La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil.
De la conquista podemos decir que no se ha producido jamás por la fuerza y la imposición brutal, pues no dura una conquista de esta naturaleza. La conquista, lo mismo que el poder de imposición, ha de aportar, cosa esencial en toda sociedad humana, algún beneficio consigo, o bien los hombres con toda su fuerza la rechazarán.
El amor a la vida es esencialmente tan incomunicable como el dolor.
El orden social a cambio de libertad es un mal trato.
Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera.
El sol no se ha puesto aún por última vez.